martes, 29 de junio de 2010

LA PRIORIDAD DE RAÚL CASTRO




PANORAMA // LA PRIORIDAD DE RAÚL CASTRO


¿A dónde va la nueva Cuba?
La Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba (614 miembros) elegirá hoy un nue-vo Consejo de Estado (31 integrantes), que incluirá un nuevo presidente, tras la renuncia presentada por Fidel Castro. Su sucesor en el poder político en los últimos 19 meses es Raúl Castro, en su doble condición de jefe del Ejército (Fuerzas Armadas Revolucionarias/FAR) y continuador constitucional.
Por Jorge Castro 23.02.2008

La Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba (614 miembros) elegirá hoy un nue-vo Consejo de Estado (31 integrantes), que incluirá un nuevo presidente, tras la renuncia presentada por Fidel Castro. Su sucesor en el poder político en los últimos 19 meses es Raúl Castro, en su doble condición de jefe del Ejército (Fuerzas Armadas Revolucionarias/FAR) y continuador constitucional.
Raúl Castro estableció una nueva orientación para el proceso revolucionario cubano iniciado en enero de 1959; las prioridades ahora son de orden interno y residen en la necesidad de resolver la crisis sistémica de la estructura económica, caracterizada por la nula productividad, la acentuación de las desigualdades sociales y la aparición en gran escala de “conductas antisociales y una tolerancia cada vez más entronizada con la indisciplina social” (discurso de Camagüey, 26 de julio de 2007).
El resultado de esta crisis sistémica, en la cual la estructura de la producción frena el desarrollo de las fuerzas productivas, es que el salario no alcanza en Cuba para satisfacer las necesidades básicas de sus habitantes. La productividad nula o negativa del sistema hace que el salario se haya desvinculado tanto de la capacidad (nivel de formación) como de las características del trabajo.
Los salarios mensuales promedio en Cuba ascienden a 6 dólares; los maestros ganan de 8 a 9 dólares, y los médicos, ingenieros y profesores universitarios, de 11 a 12 dólares. Pero un chofer de taxi para extranjeros logra entre 100 y 460 dólares; los dueños de pequeños restaurantes (“paladares”) tienen ingresos que oscilan entre 2.500 y 5.000 dólares, y los artistas y músicos, sobre todo los conocidos en el exterior, alcanzan los 6.000/10.000 dólares. Por eso en 1989, antes del colapso económico provocado por la caída de la Unión Soviética (1991), la máxima diferencia salarial en Cuba era 4,5 a 1 (era una de las sociedades más igualitarias del mundo), y ahora es 800/830 a 1.
La desvinculación del salario de la estructura económica, mediado por la nula productividad, hace que el ausentismo y la pasividad en los lugares de trabajo se hayan transformado de excepción en regla, mientras se generalizan las “conductas antisociales”. Sobre todo entre la “generación perdida”, que es la quinta parte de la población nacida después de 1980. Son 2,5 millones de cubanos sobre 11,3 millones de habitantes.
Este segmento de la población es el que nació y se crió en el “período especial” del colapso económico provocado por la caída de la Unión Soviética. Entre 1991 y 2003, el PBI cayó 35%, y el comercio internacional se hundió 75%.
A esta generación se refirió el ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roque, (diciembre de 2005) como “los que no tienen memoria histórica” ni están vinculados al régimen, lo que mostrará su importancia cuando “esté el hueco que nadie puede llenar y que tendremos que llenar todos como pueblo”.
Cuba recibió 65.000 millones de dólares, sólo de la Unión Soviética, entre 1960 y 1990, entre créditos subsidiados, sin obligación de retorno, y préstamos nunca devueltos. Hay que sumar la ayuda militar, que osciló en 3.000 millones de dólares anuales.
Esta gigantesca transferencia de capitales se realizó sobre una estructura económica nacionalizada a partir de 1960, cuyo eje era la producción agrícola de la industria azucarera, y permitió un desarrollo industrial destinado a satisfacer, en gran parte, un mercado interno en expansión. La desaparición del subsidio soviético provocó el colapso de esa estructura, y la virtual desaparición, en términos económicos, de su segmento industrial.
El parcial vuelco al capitalismo resuelto por Fidel Castro en 1991, que implicó la atracción de la inversión extranjera directa (IED) sobre todo en turismo, alivió la situación, pero no modificó la estructura básica preexistente, en la que el sector agrícola-azucarero mantuvo su carácter primordial.
La economía cubana ha sido una de las de mayor crecimiento en América latina y el mundo en los últimos tres años. Creció 12,5% en 2006, pero la producción agrícola cayó sistemáticamente en el mismo período: se desplomó 22,1% sólo en 2005.
Cuba, en síntesis, se expande por el turismo, las remesas en dólares enviadas por la comunidad cubano-norteamericana, las compras de níquel que realiza China y el subsidio venezolano. Pero su producción agrícola se hunde en el momento en que el precio mundial de los alimentos aumenta cada vez más.
Raúl Castro sostuvo en Camagüey que la producción agrícola-ganadera cubana se encuentra frenada o frustrada por el despliegue en gran escala de la plaga del marabú. Se estima que 65% de las tierras estatales son azotadas por este mal. Curiosamente, no hay marabú en las tierras de Cuba que explotan las cooperativas privadas, que son 1.541, emplean a 90.000 trabajadores y utilizan 42% de las tierras productivas del país.
La producción de arroz, componente básico de la alimentación cubana, se hundió en el colapso de 1991, y luego se recuperó en gran escala. Es el resultado del programa Arroz Popular, realizado por iniciativa privada y que ahora es responsable del 70% de la producción nacional.
La tierra en Cuba es “propiedad estatal socialista de todo el pueblo”, según reza el artículo 15 de la Constitución reformada en 1992; en términos prácticos, sociológicos, significa propiedad del Estado y desinterés colectivo.
Cuba es la segunda productora de azúcar de América latina, después de Brasil. El eje de la política internacional de Brasil gira desde el año pasado sobre la afirmación de una estrategia global de biocombustibles (etanol/caña de azúcar), en asociación estratégica con Estados Unidos.
Las piezas del dominó adquieren sentido. Raúl Castro orienta a Cuba a una alianza con Brasil. Se unen el primero y el segundo productor de azúcar de América latina. La prioridad cubana es de orden interno y tiene su eje en la recuperación de la producción agrícola-azucarera. Hay una oscura armonía en las cosas humanas.

M.Á. BASTENIER: REFUNDACIÓN EN AMÉRICA LATINA

08 de Agosto de 2008

M. Á. BASTENIER
REFUNDACIÓN EN AMÉRICA LATINA

América Latina ya ha sido fundada en dos ocasiones, aunque siempre en una cierta continuidad. Pero una tercera, de múltiples y contradictorios significados, parece estar al caer. Y México, con la megamani contra la violencia del sábado, es el último escenario en el que se ha dado un paso en esa dirección.La noticia en otros webswebs en españolen otros idiomas.


Antes que izquierda o derecha, hay otro signo más esclarecedor: Occidente o no Occidente
La primera fundación se produjo durante el siglo XVI, con la creación de la sociedad hispano-india -y negra- de la que hoy es heredera gran parte del mundo hispánico; y la segunda, a las independencias que a partir de 2010 empezará a conmemorar con seguras estridencias antiespañolas todo el continente. Pero entre ambas había una homogeneidad básica: la clase dirigente, peninsular y criolla, no dejaba nunca de ser española.
La primera tentación clasificatoria en esa carrera de refundaciones con que ha comenzado el siglo XXI latinoamericano es la de agruparlas en izquierda y derecha, por nominal que ello resulte. Y en el apartado de la izquierda aparece primero la Venezuela de Hugo Chávez, seguida de la Bolivia de Evo Morales, y sin entrar en mayores matizaciones, Ecuador con Rafael Correa, Nicaragua con Daniel Ortega, Paraguay de Fernando Lugo y la Honduras de Manuel Zelaya, que acaba de ingresar en el ALBA con el que Caracas pretende disputar la cancha económica a Washington. Hasta Cuba, decana de todas las izquierdas latinoamericanas, experimenta una modestísima refundación guiada por Raúl Castro en su búsqueda de alguna economía de lo real.
En el agrupamiento conservador estarían prominentemente México y Colombia, donde la refundación tiene una autonomía propia, apenas gobernada por sus dirigentes políticos. Y entre una y otra definición flotan quienes sería difícil reunir en un lote tan preciso como los anteriores: Brasil, Argentina, Uruguay, Chile y Perú, entre otros. Pero antes que izquierda o derecha, cabe otro signo identitario más esclarecedor: Occidente o no Occidente, en la partida de bautismo.
México, bajo la presidencia del derechista Felipe Calderón, es sintomático. Lo que quiere la ciudadanía es refundar el país en la normalización de la democracia occidental; una refundación en cámara lenta, que ya había comenzado incluso antes de la caída del PRI en los últimos años del siglo XX. Unas estructuras que fueron concebidas en los años veinte y treinta al servicio exclusivo del poder; un Ministerio de la Gobernación, una policía y un Ejército que sólo existían como medio para la aclimatación del ciudadano a una dictadura que se llamó "perfecta" porque perfecto era el encuadramiento, ni siquiera siempre represivo, de la masa social. Y esas estructuras son hoy incapaces de combatir a otro poder que se ha alzado sobre las ruinas y los vacíos creados por el apartamiento del PRI: el crimen organizado. Una fuerza pública que es todavía menos eficaz porque ha sido desarticulado su eje de gravitación; peor que una corrupción centralizada sólo es una corrupción descentralizada. La refundación de México sería por ello el final de un camino, iniciado con el primer proceso de modernización del país, el Porfiriato y su liquidación por la revolución de 1911; o en su último tramo, con la terminación de la dictadura a la elección de Vicente Fox en el año 2000.
El caso opuesto es Bolivia, donde Morales va más lejos que ninguno de sus compañeros de viaje: la desoccidentalización o deshispanización del país. Chávez puede darle a su enigmático "socialismo del siglo XXI", y encima "bolivariano", el significado antiliberal que le plazca, pero la meta es sólo una acomodación del capitalismo a sus intereses; Occidente rectificado, pero no un salto atrás.
El presidente boliviano, en cambio, persigue una revolución no sólo económica, sino antropológica. El homus bolivianus ha partido ya en busca de su pasado. Y esa refundación ha segregado en un clima que vocifera guerra civil su contrarrefundación; la de Santa Cruz y las provincias rebeldes de la Media Luna, que quieren reinventar Austria-Hungría como una disipada confederación de las tierras bajas del este con el altiplano que sueña un nuevo tahuantisuyo posincaico.
América Latina trata de refundarse en este albor del siglo, en orden inevitablemente disperso. En Colombia, el señuelo para el cambio sería un sistema de partidos moderno, elevado sobre los rescoldos de una hoguera que alumbraron conservadores y liberales; y en México, una refacción de pies a cabeza del Estado, que lo ponga al servicio del ciudadano y de la democracia. No se trata de convertirse en otro país, como en Bolivia, sino de ser, por fin, una gran nación en este siglo que comienza.

LA TENSIÓN REGIONAL, EN SU PUNTO MÁS ALTO

LA TENSIÓN REGIONAL, EN SU PUNTO MÁS ALTO



Ignacio Colo LA NACION
En los últimos 15 años, la región andina nunca estuvo tan cerca de que se encendiera la mecha que podría desencadenar un conflicto bélico. Las amenazas entre Colombia, Venezuela y Ecuador y el posible pacto militar entre Washington y Bogotá llevaron la tensión a su punto máximo. ¿La región está a las puertas de una guerra o es un nuevo round de una pelea entre presidentes que se repite sin cesar?
Para los analistas, lo que es indiscutible es que el triángulo Colombia-Venezuela-Ecuador muestra una creciente conflictividad y, si bien no creen que, por ahora, pueda darse una guerra convencional, el notable crecimiento del gasto militar en los países de América del Sur ?50% en diez años? y las cada vez más belicosas amenazas que lanzan los jefes de los Estados de la región andina encienden las señales de alarma. "De todo el conjunto de América latina, sin lugar a dudas, lo que hoy tenemos en el mundo andino es inusitado en términos de tensiones y pugnas. Si uno tiene perspectiva histórica, esa región, que había sido la más estable en el último medio siglo, cuenta ahora con los mayores niveles de polarización y conflicto", explicó a LA NACION Juan Gabriel Tokatlián, especialista en relaciones internacionales y profesor de la Universidad de San Andrés.
Hace poco más de un año, Venezuela y Ecuador habían movilizado sus tropas hacia la frontera con Colombia. Las relaciones diplomáticas de Caracas y Quito con Bogotá estaban rotas, y la región quedaba al borde de un conflicto bélico, hipótesis impensable años atrás. Finalmente, las tropas venezolanas y ecuatorianas volvieron a sus plácidas guarniciones y las tensiones sudamericanas fueron aplacadas por canales más tranquilos.
Estos últimos días, Chávez volvió a desempolvar los viejos tambores de guerra en América latina, convocó a su embajador en Colombia y advirtió sobre un conflicto bélico en la región si Uribe avanzaba en su acuerdo militar con Estados Unidos. Finalmente, el presidente venezolano restituyó ayer a su embajador en Bogotá.
Sin embargo, más allá de los evidentes antagonismos ideológicos entre Uribe y Chávez ?y de sus enconos personales?, los analistas coinciden en que el mundo andino está lejos de convertirse en el escenario de una guerra en América latina, donde el último conflicto armado fue en 1995, entre Perú y Ecuador.
"Los términos de una guerra convencional son imposibles en un esquema pragmático, visto el poder militar operativo de Venezuela", dijo a LA NACION en comunicación telefónica desde Caracas Rocío San Miguel, presidenta de la ONG venezolana Control Ciudadano para la Seguridad, la Defensa y la Fuerza Armada Nacional. "El rearme venezolano aún no es operacional y tiene fines internos", precisó.
"No hay condiciones para una guerra. Es una confrontación política con una intemperancia verbal que hace mucho daño, pero no se trata de una guerra. Lo que ocurre ahora es la necesidad de afirmar posiciones políticas. Estamos cerca del cambio de presidencia en Unasur", estimó Jaime Zuluaga Nieto, profesor de la Universidad Nacional de Colombia. Aludió así a que el mandatario de Ecuador, Rafael Correa, encabezará desde esta semana ese organismo. Brasil, EE.UU. y Unasur
Es que no es casual que todo esto ocurra justo en esta semana que termina, de cara a la cumbre de Unasur, que comienza mañana en Quito.
Sobre todo, si se tiene en cuenta que la Unasur, y principalmente el Consejo de Defensa Sudamericano, nacieron como una iniciativa de Brasil para hacer frente a la potencia hegemónica de Estados Unidos.
El acuerdo militar entre Bogotá y Washington, que daría luz verde a los militares norteamericanos para usar las bases colombianas, podría derrumbar de un soplido los esfuerzos brasileños por imponerse como un líder regional.
"El aumento de la presencia de Estados Unidos en la región hace que la potencialidad de conflictividad crezca", explicó Tokatlián.
"Se trata de un aumento desmesurado e inédito de la presencia militar norteamericana en la región, en momentos en que ningún país sudamericano es una amenaza directa para su seguridad. La Guerra Fría quedó atrás, pero esto se da en el marco del crecimiento de Brasil como jugador global. El horizonte estratégico de las políticas de Estados Unidos en la región es Brasil", subrayó el reconocido profesor de la Universidad de San Andrés.
Por eso, la negociación del acuerdo inquietó especialmente a Brasil, que por las riquezas naturales de la selva amazónica y las cuantiosas reservas petroleras de su plataforma marítima, recela de la proximidad militar de Estados Unidos a su territorio.
Mucho más que los inofensivos cruces ?desde un punto de vista bélico y de equilibrio continental? entre Colombia y Venezuela, los analistas coinciden en que el conflicto de intereses que se esconde detrás del escenario actual tiene como principales actores a Estados Unidos y Brasil, la creciente potencia regional que amenaza al gigante del Norte.

EL AMERICA DEL SUR, EL GASTO MILITAR CRECIÓ UN 50% DESDE 1999

EN AMÉRICA DEL SUR, EL GASTO MILITAR CRECIÓ UN 50% DESDE 1999

Leandro Uría LA NACION
Más allá de la retórica belicista de los últimos días, el aumento del gasto militar en América del Sur no es nuevo: ascendió a los 34.100 millones de dólares en 2008 y creció un 50% entre 1999 y 2008, según el informe anual del Instituto Anual de Investigación sobre la Paz de Estocolmo (Sipri).
El porcentaje de incremento supera en cinco puntos el promedio mundial (un alza del 45% entre 1999 y 2008), lo que ha llevado a que los países de la región se acusen entre sí de estar alentado una carrera armamentista.
Los principales impulsores de ese aumento son Chile, Brasil y Colombia y, en menor medida, Venezuela. Chile gasta más del 4% del PBI en defensa, "un porcentaje alto para un país en tiempo de paz", según dijo a LA NACION el docente de la maestría en Relaciones Internacionales de la Universidad de Bolonia, Fabián Calle.
Ocurre que el promedio del gasto militar global asciende al 2,4% del PBI mundial, un 1,6% inferior al gasto de Chile. En el caso de ese país, al presupuesto de defensa de 3000 millones de dólares se le añade, por lo establecido en la ley del cobre, el 50% de lo exportado por la minera estatal Codelco: unos 1500 millones de dólares, que deben gastarse en equipamiento, de acuerdo con lo establecido en la norma.
"El presupuesto chileno asciende a unos 4500 millones para un país que tiene la mitad del PBI argentino. Nuestro país, sin embargo, gasta menos de 3000 millones", afirmó Calle.
Otro país que impulsa el aumento del gasto militar regional es Brasil. En los últimos años, el gasto militar brasileño ascendía a 1,2 del PBI de ese país (tres veces superior al argentino), pero, a partir del segundo mandato del gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva, y con la estabilización de su economía, el desembolso ascendió al 2%.
"También tiene recursos extrapresupuestarios que emplea en acuerdos con Francia para comprar 50 helicópteros, cuatro submarinos convencionales, el casco de un submarino nuclear y una base de submarinos en Río de Janeiro. Suponen un gasto de 6500 millones de dólares en un plazo de ocho a diez años", dijo Calle.
A eso se añade la licitación, que se definirá en los próximos meses, para comprar aviones de combate, con un desembolso de 2500 millones de dólares por parte de Brasil.
En cuanto a Colombia, recibe anualmente unos 730 millones de dólares de Estados Unidos por el Plan Colombia, de los cuales 650 millones corresponden a gastos militares. Paralelamente, el gasto militar fue aumentando en las dos presidencias de Alvaro Uribe.
En el caso de Venezuela, también ha cooperado en el aumento del gasto militar regional, principalmente por las compras de armas rusas por 5000 millones de dólares. El presidente venezolano, Hugo Chávez, también amenazó con una fuerte compra de tanques rusos si se instalaban en Colombia bases norteamericanas.
Además, el presidente de Perú, Alan García, anunció que su país estaba finalizando una inversión de casi 700 millones de dólares para devolverles a sus fuerzas armadas "una moderna capacidad disuasiva", en una declaración presuntamente dirigida a Chile, país con el que Perú tiene un diferendo por la demarcación de la frontera marítima binacional. La "anomalía" argentina
Calle opinó que, en este contexto regional, el comportamiento de la Argentina "es anómalo".
"En la época del Proceso, había un gasto alto, del 6% del PBI, en comparación con un 2,5 mundial. Alfonsín lo baja al 3%; Menem, al 1%, y desde ahí osciló entre el 0,8 y el 1,1%", dijo.
"Es una «no política de Estado», el único punto en el que acuerdan la derecha y la izquierda argentinas: no priorizar la defensa", añadió.
Actualmente, se gastan menos de 3000 millones de dólares, de los cuales el 85% van a salarios y pensiones. Por tanto, el 15% no alcanza para mantener el equipamiento actual ni para modernizarlo, según afirmó Calle.
Y agregó que esto marcaba diferencias entre el kirchnerismo y el chavismo, que "incorpora a las fuerzas armadas en la coalición de poder", algo que no ocurre aquí.
La duda es por qué aumentar el gasto en defensa si, a priori, no existen hipótesis de conflicto en el plano regional que involucren a nuestro país. Sin embargo, Calle dijo que el libro blanco de Chile sobre defensa contemplaba, en 2002, conflictos interestatales de alta intensidad y de corta duración.
Otra posibilidad es que los países se tornen más hostiles, como ocurrió con Venezuela, que en 1987 era aliada de Estados Unidos y hoy lo es de Irán.
También justificaría un alza en el gasto el aumento de los ejercicios militares junto con otros países; la participación en misiones de paz; la vigilancia de la plataforma marítima continental y del espacio aéreo nacional, y dotar de mayor seguridad y posibilidades de desarrollo a quienes eligen la carrera militar en el país.