lunes, 4 de octubre de 2010

POLICIAS ECUATORIANOS INTENTAN INTERRUMPIR LA SEÑAL DE LA TELEVISIÓN PÚBLICA

POLICÍAS ECUATORIANOS INTENTAN INTERRUMPIR LA SEÑAL DE LA TELEVISIÓN PÚBLICA



Los sublevados fuerzan sin éxito el fin de la emisión de Gama TV y Ecuador TV, controladas por Correa
EFE - Quito - 01/10/2010

Los policías sublevados en Ecuador han intentado interrumpir la señal de los canales públicos Gama TV y Ecuador TV , según han afirmado presentadores de las cadenas, controladas por el Gobierno de Rafael Correa. "Elementos de la policía nacional están tratando de impedir que la señal de Gama TV se emita al país", afirmó un periodista en ese canal.
El presentador dijo haber sido informado por teléfono de que los policías "pretenden cortar los cables de energía y bajar las antenas", que están localizadas en la loma Pichincha, un alto que se puede ver desde todo Quito. Ecuador TV también informó que los policías intentaron interrumpir su señal, que se rebota desde el mismo lugar.
El Gobierno suspendió indefinidamente la programación de los otros canales de televisión y radio, la cual transmite las declaraciones críticas a los policías sublevados. Tras la declaración del estado de excepción, la Secretaría Nacional de Comunicación de la Presidencia de la República envió un correo electrónico a los directivos de los canales de televisión y de radio del país en los que les exigió que se conectaran a Ecuador TV y Radio Pública, respectivamente .
En las emisiones diversos representantes gubernamentales destacan que el Gobierno cuenta con el control total del país.

GOLPE A LA ECUATORIANA

GOLPE A LA ECUATORIANA



El presidente Rafael Correa asegura que la sublevación de la policía tenía como objetivo acabar con su vida / La fiscalía lleva a cabo las primeras detenciones de los agentes implicados
FERNANDO GUALDONI Quito (Enviado especial) 02/10/2010

El fin de semana le ha venido bien a Ecuador para darse un respiro tras la sublevación de la policía que puso en jaque al Gobierno del presidente Rafael Correa el jueves y una jornada de viernes con frenéticas reuniones de gabinete, los funerales por los 13 muertos en los enfrentamientos y saqueos en todo el país, y los anuncios de las primeras detenciones de policías. La imagen de un nutrido grupo de oficiales del Ejército desayunando plácidamente en un céntrico hotel de Quito era el mejor termómetro de la capital. -¿Todo tranquilo, no?- "Por ahora, todo en calma", contesta con una sonrisa de medio lado un suboficial en cuya casaca camuflada aparecía el apellido Salguero.
El "por ahora" que deja caer el militar son las dos palabras que más preocupan a los ecuatorianos después de vivir un día de furia que recordó a otros muchos soportados por el país en los últimos 13 años y que acabaron con los mandatos de ocho presidentes. Correa pudo haber sido el noveno. ¿Pero no engrosó la lista porque no fue un golpe de Estado en toda regla o porque sí lo fue pero el presidente, al contrario que sus predecesores, supo remontar la situación gracias al respaldo popular e internacional? Esta es la pregunta del millón en Ecuador.
Para el presidente Correa está claro que fue un golpe de Estado y la mayoría de los ecuatorianos de a pie respaldan esta visión. Basta preguntarle al primer taxista o comerciante que se cruce o ver las encuestas que hace la televisión a pie de calle para palpar que la ciudadanía saldrá otra vez al rescate de Correa si es menester. La convicción también procede de la fuerte campaña oficial que ha insistido en la asonada desde el mismo momento en que el presidente llegó el jueves por la mañana al principal cuartel policial de Quito para hablar con los agentes sobre sus reivindicaciones salariales. Salió de allí por la fuerza y herido en la misma rodilla que apenas unos días antes le habían operado.
La televisión pública muestra constantemente imágenes de los cinco balazos que impactaron en el todoterreno con el que Correa fue evacuado del hospital donde el jueves estuvo 11 horas retenido y vídeos de la participación de políticos afines al partido Sociedad Patriótica, la segunda fuerza política liderada por el ex militar golpista y ex presidente Lucio Gutiérrez, un acérrimo enemigo de Correa. No hay que olvidar que el actual presidente participó en la rebelión civil, conocida como la de los forajidos, que expulsó a Gutiérrez del poder en 2005. El ex presidente respondió a las acusaciones de Correa diciendo que es verdad que lo quiere ver fuera del Gobierno, pero por las urnas. Y para tensar más el culebrón, una cuñada de Gutiérrez publicó una carta en el diario El Universo para pedir respeto para su familia y decir que una hija de Gutiérrez y un primo de éste, ambos militares, habían participado del operativo de rescate del presidente el jueves.
"Cuando a los golpistas les falla su estrategia para desestabilizar al Gobierno, dan paso al plan B, que era matar al presidente", insistió Correa en un entrevista en el canal público la noche del viernes. Otra de las pruebas que el presidente aporta para demostrar que era una sublevación planificada son las amenazas de muerte vía móvil que le llegaron a su esposa. "Rastreamos esos teléfonos y las tarjetas eran clonadas, lo que indica claramente la premeditación", explicó Correa. Aparte de las pistas que aporta el Ejecutivo, el hecho más potente para asegurar la tesis del golpe fue la toma del aeropuerto de Quito, un sitio estratégico. En un país de larga tradición golpista, a nadie escapa que una maniobra como esa aparece en el índice del manual del sublevado.
En el cierre del aeropuerto encaja además la supuesta "mano negra" de EE UU esgrimida por el presidente venezolano Hugo Chávez en la cumbre de Unasur celebrada en Buenos Aires para condenar la asonada. Y es que, según Correa, los militares de la Fuerza Aérea que tomaron la pista estaban destinados a la lucha antidroga y siempre han respondido a la embajada estadounidense antes que al Gobierno. "Este intento golpista aún no ha pasado del todo. Está superada la situación, pero no podemos confiarnos, posiblemente tenga un rebrote y a esas células hay que buscarlas y destruirlas. Hay preocupación, las raíces del intento de golpe están todavía en alguna gente", añadió el ministro de Exteriores Ricardo Patiño tras la reunión del gabinete del viernes. Casi al mismo tiempo, se amplió la depuración de la policía que comenzó con la renuncia del jefe Freddy Martínez, se ordenó el arresto de tres altos oficiales del cuartel Quito 1 y se confiscaron todas las grabaciones del de los lugares donde se produjeron los principales enfrentamientos para identificar a más sospechosos.
El afán del Gobierno por encajar todo en el formato golpe alimenta la desconfianza de los críticos sobre lo que realmente pasó. Para el analista Alfonso Oramas lo que sucedió fue un "burdo" atentado contra la democracia y una agresión "intolerable" contra el presidente. Pero, al mismo tiempo, sostiene que si Correa no hubiera desafiado a los agentes la situación no hubiese pasado de un conflicto laboral. "El discurso crispado del presidente, la falta de información del Gobierno sobre el grado de malestar de la policía y el coqueteo abierto de algunos políticos y militares con la sublevación dispararon una crisis evitable", dice Oramas.
Francisco Latorre, asesor y amigo personal de Correa, confirma que la decisión de acudir en persona al Regimiento Quito fue del presidente. Esto es lo que ha dado pie a algunas de las críticas más duras contra el Ejecutivo. El general retirado del Ejército Galo Monteverde, citado por el diario El Comercio, asegura que no hubo un golpe de Estado sino una insurrección policial. "El malestar policial y militar lleva dos años y los ministros tendrían que haberse encargado de resolverlo", según el militar.
El analista Adrián Bonilla añade otro factor para descartar el golpe: que nunca se planteó la sustitución del presidente como ha sido habitual en las rebeliones desde 1997. Todo lo contrario, el vicepresidente Lenin Moreno, manifestó de inmediato que él no iba a relevar al presidente mientras éste estuvo sitiado por policías rebeldes en el hospital donde acudió tras escapar del cuartel. Para algunos esto demuestra que no hubo un golpe planificado, para otros es lo que deja a los golpistas sin otra salida que la rendición. Para todos, aún es pronto para aventurar si Correa salió más fortalecido o debilitado de la crisis.

EL RUIDO DE SABLES SE APAGA EN ECUADOR

EL RUIDO DE SABLES SE APAGA EN ECUADOR


Los militares, que han sido cómplices o meros observadores de las revueltas contra los Gobiernos desde 1979, se mantienen ahora fieles a Rafael Correa
FERNANDO GUALDONI (ENVIADO ESPECIAL) - Quito - 04/10/2010


La presencia militar en Quito era ayer perceptible pero discreta. Aparte de los cerca de 300 efectivos destacados para resguardar el Palacio de Carondelet, la sede del Gobierno en pleno centro histórico, se veían patrullas de tres o cuatro soldados en algunas calles y en los grandes parques de la ciudad como El Ejido, La Alameda y La Carolina. No infundían inquietud ni sensación de estar a la espera de entrar en acción, más bien lo contrario. En puntos considerados estratégicos, como las vías de acceso a la capital, algunas gasolineras y plantas de distribución eléctrica, la presencia militar era mayor y más vigilante. Desde la entrada en vigor el jueves pasado de la ley de excepción a raíz de la sublevación de los policías contra el presidente Rafael Correa, el Ejército supervisa la labor de los agentes de seguridad y hasta tiene potestad para detener a quien cometa un delito flagrante.
A pesar del malestar que hay en los cuarteles por la nueva Ley de Servicio Público que elimina algunos incentivos económicos de las Fuerzas Armadas y de la Policía y que fuera el detonante de la asonada policial del jueves -en la que también participaron miembros de la Fuerza Aérea-, los militares se mantienen fieles al presidente. "Hay malestar, sobre todo en los mandos medios, pero la cúpula es leal a Correa. Se puede estar en desacuerdo con el presidente, pero ante todo somos un Ejército profesional. Aquí no ha habido infiltración de militares cubanos o venezolanos con la excusa de defender la Constitución, nos bastamos solos", dice el coronel retirado Galo Monteverde. El oficial habla con orgullo. Y es que su "ejército", como dice, salió el jueves a la calle a defender a un presidente constitucional por primera vez desde la recuperación de la democracia en 1979.
Hasta ahora la institución castrense había sido cómplice o mero observador en las revueltas que se cobraron ocho presidentes en 10 años desde 1997. Abdalá Bucaram fue destituido por incapacidad mental sin examen médico y los militares se limitaron a indicarle la salida. Mahuad fue derrocado por un complot indígena-militar que formó una Junta de Salvación Nacional de la que fue parte el coronel Lucio Gutiérrez. Gustavo Noboa juró el cargo en 2000 en el Ministerio de Defensa. Cinco años más tarde, una "revolución ciudadana" expulsó a Gutiérrez tras tres años en el poder y el Ejército observó la caída de su viejo camarada como quien ve llover.
"El Ejército ha entrado en la era moderna", dice Paco Moncayo, general retirado de cuatro estrellas, ex alcalde de Quito y actual parlamentario independiente de centroizquierda. "Hasta el golpe de Gutiérrez contra Mahuad hace más de una década, el Ejército había honrado la tradición de neutralidad forjada desde finales de los setenta. Antes y después de esa asonada, el militar se limitó a mantener como pudo el orden ante la inestabilidad política. Ahora, Correa, con su manejo irresponsable de la rebelión policial, fuerza al Ejército a salir en su defensa y enfrentarse a los agentes. Esto había sucedido solo en dos ocasiones, durante el Gobierno de Velasco Ibarra
[cinco veces presidente en distintos periodos entre 1934 y 1972], otro populista", reflexiona. "El Ejército se comportó como una institución del siglo XXI, pero el contexto en el que tuvo que actuar pertenece a la segunda mitad del XX. El Gobierno es el que está desfasado, no el Ejército", añade.
Aunque Moncayo, como la mayoría de los analistas consultados, duda de que el Ejército o una parte de este protagonice un golpe de Estado, advierte que la institución es un polvorín y que solo la insistencia del comandante en jefe de las tres fuerzas, el general Ernesto González, para que el Gobierno revise la ley que afecta a los salarios del cuerpo ha rebajado un poco la tensión. El malestar no es solo por la rebaja de las retribuciones, sino también por un error de cálculo en la aplicación de la escala salarial de suboficiales y oficiales que se arrastra desde 2006.
Durante el fin de semana, la ministra de Política, Doris Soliz, declaró que el Gobierno reescribirá la ley que desató la sublevación de policías para clarificar su contenido, pero que no hará cambios significativos. También quedó descartada, de momento, la disolución del Parlamento y la convocatoria de elecciones anticipadas que tenía en mente Correa para reforzar su poder y sacar adelante su plan de austeridad.

EL 23-F DE LOS ECUATORIANOS

EL 23-F DE LOS ECUATORIANOS


Los ciudadanos siguieron la rebelión policial y las escenas de violencia en las calles pegados a la televisión estatal, difundida a través de todos los canales
LUIS VIVANCO - Madrid - 01/10/2010


Las calles de las ciudades ecuatorianas han amanecido hoy con un profundo sentimiento de luto. Han muerto tres policías, un militar y un estudiante, pero todos sienten que las principales víctimas son la paz y, sobre todo, el sentido común. La imagen de los agentes enfrentándose a tiros con los militares se convirtió en un cuadro inverosímil, nunca antes visto en la historia democrática del país andino.
Lucía Sotomayor, una estudiante de arquitectura que vive en Quito, la capital, asegura en una conversación telefónica, que el jueves 30 de septiembre de 2010 pasará a la historia como un día dominado por la angustia. A primera hora, centenares de policías habían salido a las calles en protesta por un recorte en sus beneficios salariales. Ella también salió temprano de casa: "Me fui llena de nervios porque ya sabía que no había policías en la calle, pero fue a mediodía cuando vi en los telediarios que el asunto se estaba agravando y regresé a casa. Esa es una hora punta de tráfico y Quito ya era fantasmal. No sabía qué iba a pasar".
A esa misma hora conducía su taxi Washington Terán, de 50 años. Se vio obligado a regresar a su casa, en el sur de la ciudad. "Ya era imposible trabajar. Los policías estaban por la calle quemando neumáticos, y por la central de radio nos advirtieron que los delincuentes ya estaban haciendo de las suyas", relata mientras conduce su coche. En esos momentos, el presidente Rafael Correa se enfrentaba verbalmente con los agentes sublevados en un cuartel policial.
Como todos los ecuatorianos, tanto Lucía como Washington estuvieron pegados a las pantallas de televisión durante toda la tarde. Ella, indignada por la actitud de los policías, pero también por las actuaciones de un gobernante que considera populista. Él, a punto de salir a la calle para "defender al presidente".
Cuando el ambiente se volvió más denso y los fantasmas del golpe de Estado y la guerra civil planeaban sobre las mentes de los residentes en Quito, en Guayaquil, la ciudad más grande del país, los ataques de los malhechores desataban el pánico. Dos sucursales bancarias fueron asaltadas. Varios supermercados, saqueados. La incertidumbre era generalizada. Incluso los payasos de plástico de tamaño real que se ubican junto a las puertas de los restaurantes McDonald's fueron arrancados por los ladrones. El presidente intentaba salir del cuartel, pero era retenido por los insurrectos en un hospital. Mientras tanto, Andrea Regalado, una joven periodista que no tenía que trabajar en la mañana del jueves, aprovechó para ir al banco. Como el sentimiento de inseguridad ya era general en Quito, tuvo que someterse a un cacheo para entrar al banco. "Por miedo me regresé a mi casa. Como vivo cerca del Hospital de la Policía, pasé toda la tarde escuchando sirenas de patrullas y ambulancias", explica. El país estaba ya en estado de excepción.
Mientras, la estudiante Lucía Sotomayor seguía los acontecimientos por televisión y sentía ganas de lanzar el aparato por la ventana al ver que la señal oficial se reproducía en cada frecuencia. "Me sentí acorralada, no sabía si podía salir". Esa misma señal del canal oficial la vio Paola Montenegro, una joven bióloga en la empresa en la que trabaja, y sintió la necesidad urgente de volver a casa con su madre. Tuvo que atravesar una ciudad en silencio, con rastros de neumáticos quemados y negocios cerrados, pues los choques estaban focalizados en el exterior del Hospital de la Policía y ante la sede de la Presidencia. "Pero cuando llegué, mi madre le gritaba a una amiga por teléfono: 'Están disparando'. Estuvimos frente a la tele las dos llenas de angustia". El Ejército acudió al rescate de Correa y los alrededores del hospital se convirtieron en un campo de batalla.
El presidente logró salir. La noche pasó. Pero muchos no pueden presumir hoy de haber disfrutado de un sueño reparador. El taxista Washington Terán ha salido de nuevo a la calle. Asegura que los agentes de policía han recuperado el control de la ciudad: "Pero cada vez que uno los mira, bajan la cabeza; como que si sintieran vergüenza".

viernes, 3 de septiembre de 2010

RANKING DE LOS MEJORES PAÍSES

En un reciente informe de la revista Newsweek, la Argentina aparece en el puesto 46°
La Argentina quedó lejos, específicamente en el puesto 46°, en el ranking de los mejores 100 países confeccionado por la reconocida revista norteamericana Newsweek . Esa publicación tomó cinco parámetros para determinar ese ranking: esperanza de vida, calidad de vida, educación, dinamismo económico y entorno político. Quedó determinada así una tabla liderada por Finlandia, y seguida por Suiza y Suecia. Dentro de América latina, la Argentina figura séptima.
Para confeccionar el listado, la publicación tomó como punto de partida los últimos datos difundidos por organismos públicos y privados de renombre y trayectoria internacional comprobada, como el Banco Mundial, las Naciones Unidas, la Universidad de Yale, el McKinsey Global Institute, Freedom House y Political Risk Services.
En función de los informes más recientes en las áreas que investigan estos organismos, la revista estadounidense creó el ranking en el que se conjugan los resultados en los cinco rubros mencionados y que van más allá de lo económico.
Es así como, si bien la Argentina se encuentra en el puesto 34° si sólo se tomara en cuenta la esperanza de vida, a esta ubicación la contrarresta el lugar 80° en el que se sitúa la educación.
En los otros tres ítems la posición de la Argentina nunca logró ubicarse entre los 40 primeros lugares. Se trata del entorno político (puesto 42°); calidad de vida (52°) y dinamismo económico, en el puesto 75° del conteo.
Tan sólo nueve países de América latina se encuentran entre los primeros 50 lugares del ranking. El que lidera la lista latinoamericana es Chile, que se sitúa en el lugar 30°; le sigue Costa Rica (35°); Panamá (41°); Perú (42°); Uruguay (44°); México (45°); la Argentina (46°); Brasil (48°), y cierra la lista Cuba (50°). Dato llamativo
Otro de los datos más llamativos es que de los Estados que integran el Grupo de los Ocho (G-8), países con mayor injerencia política, económica y militar del mundo, tan sólo dos forman parte de los diez primeros lugares: Canadá, en el séptimo puesto, y Japón, en el noveno.
De los restantes seis miembros del selecto grupo: Alemania, Estados Unidos, Francia, Italia y el Reino Unido se encuentran entre los 20 primeros lugares y, Rusia, está lejos, en el puesto 51°.
Una de las ausencias más llamativas en el top ten es la de Estados Unidos, que sólo aparece en el onceavo lugar, a pesar de figurar segundo en dinamismo económico y noveno en calidad de vida. Sin embargo, su punto más flojo es la educación, ya que figura en el puesto 26°.
Si comparamos la Argentina con Chile, el mejor país latinoamericano en el ranking, las diferencias son marcadas en cuatro de las cinco variables.
Mientras que Chile figura 51° en educación, la Argentina aparece en el 80°; en dinamismo económico la diferencia es más marcada aún, ya que el país trasandino se ubica en el puesto 24° y, la Argentina, en el 75°. La menor brecha entre ambos países se da en la calidad de vida, donde Chile figura 47° y la Argentina, 52°.
Según detalles del informe de Newsweek, en la Argentina el 97,2 por ciento de la población sabe leer y escribir y la esperanza de vida es de 67 años. CLAVES
Finlandia : el país nórdico lidera el ranking, con 89,4 puntos sobre 100. Figura 1° en educación, 4° en calidad de vida, 5° en entorno político, 8° en dinamismo económico y 17° en esperanza de vida.
Estados Unidos : una de las potencias económicas del mundo sólo aparece en el puesto 11°, con 85,51 puntos. Se anotó el lugar 26° en educación, el 9° en calidad de vida, el 14° en entorno político, el 2° en dinamismo económico y el 26° en esperanza de vida.
Chile : es el primer país de la región, dentro del ranking, que está en el lugar 30°, con 74,12 puntos. Sus números son estos: puesto 51° en educación, 47° en calidad de vida, 30° en entorno político, 24° en dinamismo económico y 26° en esperanza de vida.
La Argentina : se sitúa en el lugar 46° del recuento, con 64,48 puntos: 80° en educación, 52° en calidad de vida, 42° en entorno político, 75° en dinamismo económico y 34° en esperanza de vida.

martes, 29 de junio de 2010

LA ILUSIÓN DE SER BOLIVAR

Viernes 7 de marzo de 2008



LA ILUSIÓN DE SER BOLIVAR



Por Tomás Eloy Martínez Para LA NACION

HIGHLAND PARK, N. J. Quiza cuando se publiquen estas líneas la diplomacia haya transformado en espuma el torrencial intercambio de insultos, amenazas y acusaciones que se prodigaron el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y los voceros del gobierno colombiano, de Alvaro Uribe. Nada puede predecirse en una historia cuyos caminos están regados de pólvora, petróleo y droga, y cuyos protagonistas son de fósforo. Tampoco es fácil entender lo que pasa e imaginar lo que podría venir. Colombia lleva más de cuarenta años de una guerra civil no entre dos bandos, sino entre por lo menos cuatro: el ejército regular, la guerrilla que opera con el nombre de FARC, los paramilitares –nacidos de la desconfianza de los hacendados en la eficacia del ejército–, y los narcotraficantes, que también disponen de soldados y armas considerables. Es una guerra despiadada, en la que las tropas de un bando se suelen pasar a otro con frecuencia, y tan pareja que podría durar cuarenta años más. Colombia ha tenido presidentes excepcionales como Belisario Betancur y César Gaviria, y tanto ellos como los otros han lidiado como pudieron con esa pesadilla que ha costado muchedumbres de muertos, desplazados y fugitivos. Parte de lo que sigue es una historia conocida, pero conviene recordarla para no sembrar más humo en el incendio. El sábado 1º de marzo, el ejército colombiano atravesó la frontera con Ecuador, avanzó kilómetro y medio en el territorio de ese país y atacó un campamento de las FARC. De diecisiete a veinte guerrilleros murieron, entre ellos Luis Edgar Devia Silva, conocido como Raúl Reyes, segundo comandante de los insurgentes, quien había establecido contacto con el presidente francés, Nicolas Sarkozy, para liberar a la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt. La invasión era ilegal, como toda invasión, y cualquier observador ecuánime sabe que fue también un palo muy torpe en el carro de las negociaciones. Colombia afirma que contaba con el permiso del gobierno ecuatoriano; éste lo negó, y el sentido común indica que Ecuador no pudo haberlo dado. El gobierno de Alvaro Uribe, por lo tanto, confió a la fuerza de las armas y de los hechos consumados lo que debió confiar a la diplomacia. Colombia ya está harta de la guerra interminable, y ninguna de las partes quiere ceder en una puja que siempre acaba en empate. Los rehenes están agonizando en la selva, eso es cierto, pero la muerte de Raúl Reyes no va a devolverles la libertad ni la vida. Conozco desde hace mucho a políticos y funcionarios del gobierno de Bogotá –de éste y de los anteriores– que darían la vida por deshacer el nudo gordiano en que se han convertido las guerras de su país, pero no han encontrado todavía una salida que apague los odios. Para colmo de males, Hugo Chávez batió el domingo 2 de marzo sus tambores de guerra. Casi nada sorprende ya en su lenguaje sin límites, pero en el unipersonal de televisión que ameniza desde hace varios años usó el más sulfúrico catálogo de insultos que se haya oído en los prados habitualmente corteses de la política internacional. Luego de callar un minuto en homenaje al “comandante revolucionario” Reyes, agravió el silencio llamando a Uribe “presidente criminal” y acusando a su gobierno de “paramilitar, narcotraficante y lacayo del imperio”. Las negativas de Uribe a cualquier tipo de negociación siempre me han parecido exageradas y quizás inhumanas, porque están en juego cientos de rehenes cuyas vidas siguen en manos de las FARC. La situación de los cautivos era menos riesgosa antes de que impusiera su mano dura. Pero el pueblo de su país lo apoya libremente, lo ha reelegido para que mantenga esa política, y ésa es el agua respetable de otro molino. Lo que se pierde muchas veces de vista es el juego que Chávez está llevando adelante en esta historia. El domingo ordenó en su programa de televisión el traslado de diez batallones a la frontera con la vecina Colombia y el cierre de la embajada venezolana en Bogotá, e instó a su par ecuatoriano, Raúl Correa, a que hiciera lo mismo. Correa lo hizo casi enseguida. El lunes 3 redobló la apuesta al expulsar a todo el personal colombiano de la embajada en Caracas y al cerrar la frontera. Correa, presuroso, también rompió relaciones con su vecino del Norte. Conocí a Chávez el último domingo de agosto de 1999, cuando cumplía seis meses de gobierno. Una de las primeras preguntas que le hice –tal como lo conté entonces– fue si los vínculos con las FARC que se le atribuían eran ciertos y si estaba entregándole a la guerrilla colombiana fondos reservados para la compra de armamentos. Fuentes muy confiables me habían dado esa información, exhibiendo algunos documentos que parecían legítimos. Por toda respuesta, Chávez levantó el teléfono, llamó al presidente de Colombia, Andrés Pastrana, y me pidió que repitiera la pregunta. Pastrana negó –como era previsible– todo vínculo de Chávez con la guerrilla y preguntó de dónde sacaba yo esa versión. No se lo podía decir, por supuesto, pero quizá no sea impropio revelar ahora que se trataba de uno de sus colaboradores más cercanos. Chávez se había alzado contra el gobierno democrático de Carlos Andrés Pérez siete años antes, con la idea fija de resucitar la utopía de la unidad política de América latina, lanzada por el libertador Simón Bolívar en un documento clásico: la Carta de Jamaica. Esa ilusión ha sido el eje de casi todos sus actos, y para entender a Chávez hay que saber que él siente que allí, en la realización de la utopía, está su lugar final en la historia. Su adversario ya no es la corona española, como lo era para Bolívar, sino el imperio norteamericano, al que un bloque bolivariano de naciones le podría hacer la vida imposible. Ya a comienzos de su primer gobierno advirtió que le sería difícil alcanzar ese sueño por medio de la política, pero que podría lograrlo uniendo a ejércitos hermanos bajo una bandera común. Sin duda, lo ha seducido el hecho de que la rama política de las FARC se llame Movimiento Bolivariano para la Nueva Colombia, y que tanto las tropas irregulares al cuidado de la ya extinta Zona de Distensión como el sistema judicial que controlaban se llamaran también “bolivarianos”. En la mira inmediata de ese programa de unidad están los países que Bolívar quiso agrupar: Panamá, Ecuador, Perú, Colombia y, por supuesto, Bolivia. Eso explica el apoyo que Chávez brindó al candidato Ollanta Humala, derrotado en Perú, y al que venció en las elecciones de Ecuador, Rafael Correa. No hay por qué reprocharle a Chávez sus ilusiones. Al fin de cuentas, hasta el hombre más humilde tiene derecho a soñar lo que quiere. Pero en su caso, ha contraído responsabilidades con el país que lo eligió, y tanto sus bravatas verbales como los despliegues de tropas en la frontera no resuelven los problemas reales. Cientos de miles de colombianos viven en Venezuela, y los dos países están unidos por fraternidades históricas y culturales inquebrantables, por lazos de familia, por trabajos que van de un país a otro. Se ha insinuado que Chávez trata de distraer a Venezuela de la inflación y el desabastecimiento, que son ahora inocultables. La guerra es siempre un pésimo recurso para salir de esos pantanos, como lo prueba la infortunada aventura de las Malvinas. Así como Uribe es responsable de un hecho gravísimo –la invasión de un país vecino al que llevó su propia guerra–, también Chávez debería explicar por qué se ha exaltado tanto ante el ataque mortal a un campamento insurgente con el que Venezuela nada tiene que ver. ¿O sí?

ALFREDO RANGEL:"COMENZO EL DECLIVE DEFINITIVO DE LAS FARC"

Lunes 10 de marzo de 2008
La entrevista



ALFREDO RANGEL: "COMENZÓ EL DECLIVE DEFNITIVO DE LAS FARC"



La guerrilla perdió capacidad operacional, tiene menos presencia territorial y menos capacidad de ejercer la violencia, afirma el analista político colombiano Alfredo Rangel, quien, si bien no justifica la invasión militar del territorio ecuatoriano, dice que la muerte de Raúl Reyes fue no sólo el golpe más importante contra las FARC en cuatro décadas de conflicto sino también un revés que podría precipitar el fin del grupo rebelde.

Alfredo Rangel parece nadar en contra de la corriente de críticas internacionales que la muerte de Raúl Reyes en territorio ecuatoriano le valió al presidente Alvaro Uribe. No justifica la invasión del país vecino y admite que ahora puede abrirse una impasse en las negociaciones para un intercambio humanitario de prisioneros. Pero cree que la eliminación del jefe guerrillero fue el mayor acierto de la política de seguridad del gobierno de Bogotá y afirma que así lo entiende también una enorme mayoría de los colombianos.

Analista político experto en temas militares, director de la Fundación Seguridad y Democracia, columnista del diario El Tiempo y autor de varios ensayos y libros sobre el conflicto interno en su país, Rangel en ningún momento vio con preocupación el despliegue de tropas al otro lado de la frontera con Venezuela: "Fue un acto fanfarrón de Hugo Chávez", dice al respecto. Y tampoco creyó posible un conflicto bélico en esa frontera que parecía ganar en temperatura con el pasar de las horas, hasta el viernes pasado en la Cumbre del Grupo de Río en República Dominicana se dio por superada la disputa.

Asegura, sin embargo, que sobran las evidencias de que en los territorios venezolano y ecuatoriano existen santuarios guerrilleros. Invitado a trazar los posibles escenarios de la guerra interna colombiana tras la muerte de Reyes, afirma que el descabezamiento de la cúpula rebelde puede marcar el comienzo del declive final de la más antigua y poderosa guerrilla del continente: "Fue un golpe definitivo a la moral de los combatientes", señala.

"La muerte de Reyes -explica Rangel por teléfono desde Bogotá- fue sin duda el golpe más importante que le ha dado el estado colombiano a las FARC en cerca de 40 años de lucha contrainsurgente: era el principal miembro del secretariado de las FARC, la persona que manejaba las relaciones internacionales y la política del grupo guerrillero". Y añade: "Esto se suma a una serie de golpes que había dado el gobierno en los últimos cinco años y que llevaron a un debilitamiento inusitado del grupo guerrillero: es la primera vez en la historia que disminuye la cantidad de hombres en armas, que disminuye su cobertura y presencia territorial, y que disminuyen sus finanzas y su capacidad operacional".

-¿Qué datos apoyan esta idea de un retroceso de las FARC?

-Las cifras que tenemos dan cuenta de una merma a una tercera parte de las acciones ofensivas o violentas de las FARC en los últimos años. En 2002 realizaron 32 hostigamientos y tomas de poblaciones, con enormes daños a la población civil por el uso de cilindros de gas, que son armas incontrolables. En 2007 sólo realizaron un hostigamiento. Esto demuestra una merma en su capacidad operacional. Además, llegaron a realizar entre 600 y 800 secuestros anuales, y el año pasado realizaron unos 200, lo que revela un retroceso en su presencia territorial y en su capacidad de ejercer la violencia. Por eso, la muerte de Reyes podría ser interpretada como el comienzo del declive definitivo de las FARC como proyecto político y militar.

-¿Se refiere a que la muerte de Reyes puede minar la moral de las filas guerrilleras?

-Es un golpe definitivo a la moral de los combatientes, a su disposición de combate y sobre todo a la creencia en la invulnerabilidad del grupo guerrilllero y de su secretariado. Creo que esto en adelante va a disminuir la fe en las posibilidades de éxito de las FARC como grupo insurgente, y puede incentivar aún más las deserciones, que en los últimos cinco años fueron unas 6000.

-¿La muerte de Reyes también puede estimular el debate interno en las FARC?

-Siempre hubo un acuerdo en los lineamientos generales de su estrategia política y militar, pero existen dentro de las FARC tendencias muy duras e inflexibles que acaudillaba Reyes junto con el Mono Jojoy, y una línea mucho más pragmática, más realista, liderada por Alfonso Cano e Iván Márquez. La muerte de Reyes podría fortalecer a la línea más realista y flexible, pero las FARC siempre fueron un grupo muy monolítico y no habría que esperar cambios muy radicales en su orientación política en el corto o mediano plazo.

-¿Cómo podría verse afectada la liberación de los rehenes? Reyes mantenía contactos con el gobierno francés y el venezolano, entre otros, interesados en la liberación de Ingrid Betancourt y los demás rehenes...

-Las personas que están secuestradas en poder de las FARC dependen para su liberación de la voluntad del grupo guerrillero. No es el gobierno colombiano el que las tiene secuestradas. Es la guerrilla, que pudo realizar liberaciones incondicionales en el pasado y no hay obstáculos para que pueda realizar otras acciones unilaterales como éstas en el futuro.

-Pero, ¿el hecho de que haya sido eliminado justamente el negociador internacional no dificulta este tipo de liberaciones?

-Si las FARC tienen la voluntad de hacerlo, lo pueden hacer. Iván Márquez es una persona que prácticamente reside en territorio venezolano, según documentos encontrados en la computadora de Raúl Reyes, y él podría facilitar la entrega de rehenes. Pero de momento, creo, con la muerte de Reyes se va a producir una impasse en los temas relacionados con el intercambio de prisioneros y las liberaciones. Una vez que se nombre el reemplazo de Reyes podría retomarse el hilo de ese acuerdo humanitario. Igualmente, no creo que la muerte de Reyes genere ningún tipo de riesgo para la seguridad personal de estos secuestrados, puesto que, para las FARC, su entrega sanos y salvos es un asunto de alto interés político: de ello depende su imagen internacional, bastante deteriorada por el conocimiento que se tiene de la situación en que se encuentran los secuestrados, en condiciones lamentables durante períodos de más de 10 años en algunos casos.

Ahora, con la invasión del territorio ecuatoriano y las críticas que ha recibido, pareciera que quien quedó más aislado es Uribe. ¿Se justificaba este alto costo diplomático?

-En Colombia ha habido un apoyo unánime de la población y de todos los sectores políticos, incluida la oposición. El apoyo al gobierno, según las últimas encuestas, asciende al 85%. O sea que, a nivel interno, hay un fortalecimiento del gobierno como resultado de esta acción. A nivel externo, es posible que muchos países critiquen y rechacen la incursión en territorio ecuatoriano. Colombia ha dado explicaciones y ha pedido disculpas, reiteradamente. Pero el mundo está conociendo la forma en que los gobiernos de Ecuador y Venezuela han tenido relaciones muy frecuentes con las FARC, le han facilitado su presencia en sus territorios, han llegado a acuerdos a espaldas del gobierno colombiano, le han entregado dinero, por 300 millones de dólares en el caso de Chávez, y han permitido la permanencia de la guerrilla en la frontera.

-¿Qué evidencias concretas hay de la existencia de santuarios guerrilleros en estos dos países?

-Colombia viene entregando desde hace años pruebas documentales de la existencia de campamentos. La muerte de Reyes tuvo lugar en un campamento que llevaba muchos meses en Ecuador, lo que es una prueba más de que esta situación tenía lugar a los ojos de las autoridades ecuatorianas, y los documentos que tenía Reyes en su computadora dan fe de acuerdos entre las FARC y las autoridades ecuatorianas para la permanencia y cooperación con las FARC.

-La eliminación de Reyes, ¿se puede interpretar como un intento de limitar los contactos de las FARC con estos países y con la comunidad internacional?

-No creo. Creo que es el producto de una larga labor de inteligencia y seguimiento de Reyes por parte del ejército y la policía colombianos. Reyes era uno de los objetivos principales por su importancia en la estructura de las FARC. Estos seguimientos ya le habían dado oportunidades en el pasado al ejército de capturarlo o matarlo, pero que se frustraron a último momento. Lo que pasó no fue un golpe de suerte sino el resultado de años de operaciones.

-¿Cree que la cooperación norteamericana en estas tareas de inteligencia fue lo que detonó la reacción de Chávez, al percibir esta colaboración como una amenaza no sólo para Ecuador sino también para Venezuela?

-Para los colombianos ha sido incomprensible la manera en que Chávez ha valorado la muerte de Reyes como una amenaza a la soberanía de Venezuela. No se entiende cómo este país, que no está incluido en esa crisis bilateral, tomó partido por las FARC e incluso lamenta la muerte del jefe guerrillero y dispone actos tan simbólicos como guardar un minuto de silencio en una reunión presidencial.

-¿Tiene una explicación?

La única que tengo es que, tal como evidencian los documentos hallados en poder de Reyes, las relaciones políticas y afectivas entre Chávez y las FARC iban mucho más allá de lo que todos sospechaban.

-El diario El País publicó recientemente una larga investigación sobre los nexos entre las FARC, el narcotráfico y funcionarios venezolanos...

-Eso es un hecho: la forma en que creció el narcotráfico en Venezuela, por donde sale el 60 por ciento de la cocaína desde Colombia hacia Estados Unidos y Europa.

-¿En ese contexto debe ser entendido el envío de tropas a la frontera?

-El envío de tropas fue un acto fanfarrón de parte de Chávez. Colombia no tuvo ningún tipo de intención hostil, ni contra Venezuela ni contra Ecuador. Colombia tiene intención de evitar cualquier tipo de incidente o roce armado en la línea fronteriza, entre otras cosas porque el único favorecido serían las FARC, ya que si el ejército colombiano tiene que desplazar tropas a las fronteras disminuiría la presión interna sobre la guerrilla.

-Pero en la dinámica prebélica en la que se entró, ¿no era posible que una chispa encendiera el conflicto?

-Para que haya un conflicto se necesitan dos, y Colombia no movilizó ni consideró la posibilidad de movilizar tropas a la frontera.

-¿Las FARC podrían haner provocado un incidente?

-No se descartó ninguna posibilidad, dado que para Chávez un incidente fronterizo podría aliviar un poco la situación política interna, que se le ha tornado bastante desfavorable en los últimos meses por los problemas de inflación, desabastecimiento e inseguridad.

-¿A qué atribuye el hecho de que el desprestigio que, según usted, tienen las FARC en Colombia no sea tal en el exterior?

-Probablemente las FARC hayan tenido una acción propagandística muy efectiva en el plano internacional en el pasado. Lo cierto es que, en Colombia, todas las encuestas muestran una imagen negativa del 98%. Y eso quedó demostrado en la movilización espontánea del 4 de febrero, que convocó a millones de personas en todo el país en rechazo a las FARC. Es que las FARC han sido el grupo que, a nivel mundial, realizó más secuestros durante mucho tiempo. Su actitud de hostigamiento a la población civil ha sido masiva y sistemática. Se cuentan por centenares de miles los extorsionados, son varias decenas de miles los secuestrados y miles los asesinados.

-Cuando el ex presidente Néstor Kirchner viajó a la selva para una operación de entrega de rehenes que fracasó, se sospechó que Uribe buscó ese fracaso, posiblemente para evitar que otros actores se involucraran en la negociación con la guerrilla. ¿Qué hay de cierto en esto?

-Ese incidente se frustró porque las FARC estaban engañando a la comunidad internacional al ofrecer la entrega de un niño que no tenía en su poder, como luego se constató. Las FARC entonces acusaron al gobierno de haber realizado operaciones en la zona para cubrir este hecho. Todas las entregas que hubo hasta ahora contaron con una cooperación abierta del gobierno colombiano y, de hecho, organismos internacionales como la Cruz Roja no se han quejado.

-¿Hay incomprensión en la región de lo que significa el drama colombiano?

-Sin duda, ha habido una actitud muy incomprensiva y una falta de cooperación, sobre todo de parte de Venezuela y Ecuador. Han sido distintas las actitudes de Brasil y Perú, sobre todo en lo que respecta la vigilancia de las fronteras, que es muy eficiente en ambos casos.

-¿Cómo cree que imagina Uribe el final del conflicto interno? ¿La única alternativa para él es la eliminación de las FARC?
-No. El gobierno nunca ha cerrado la puerta a un diálogo de paz, a una solución política negociada con las FARC y el ELN que dé por terminada la violencia. De hecho, el gobierno de Uribe realiza en este momento negociaciones de paz con el ELN, la segunda guerrilla del país, en La Habana, y reiteradamente le ha ofrecido un ramo de olivo a las FARC para iniciar un diálogo de paz.
Por Francisco Seminario
El perfil
Estudios universitarios
Nació en 1954 en Tunja, en la provincia colombiana de Boyacá. Estudió economía en la Universidad Nacional de Colombia y realizó luego estudios de posgrado en ciencias políticas en la Universidad de los Andes, de Colombia.
Ensayos y libros
Fue asesor presidencial en materia de seguridad y defensa entre 1994 y 1996, creó en 2003 la Fundación Seguridad y Democracia y publicó artículos, ensayos y libros sobre el conflicto colombiano, entre los que se destaca Colombia: guerra en el fin de siglo .